Hoy está de moda llamarlo procrastinación ya que suavizar las palabras tiene un efecto en nuestra conciencia y responsabilidad. Suena elegante, casi académico, y parece menos duro que decir “postergar” o “aplazar” pero la verdad es que por más sofisticado que sea el término, el efecto es el mismo: paraliza lo que por alguna causa no queremos afrontar trayendo consecuencias negativas a nuestra vida.
¿Te ha pasado que tienes una lista de cosas por hacer y lo pospones miles de veces? siempre con una excusa “válida”, si es así no estás solo, las estadísticas muestran que el 20% de los adultos posponen alguna acción en sus vidas diarias. Muchas veces no se trata de tareas insignificantes, al contrario, son acciones que podrían cambiarte la vida: enviar esa propuesta, terminar ese curso, hablar con esa persona.
¿Cuáles son las típicas acciones que solemos aplazar?
Algunas de las acciones que más tendemos a aplazar son:
- Renunciar a un empleo donde no hay crecimiento ni desarrollo
- Salir de relaciones que no funcionan
- Iniciar terapia para superar adicciones o conflictos emocionales
- Ordenar el hogar o cumplir tareas cotidianas
- Sostener conversaciones importantes o determinantes
- Hacer cambios en la alimentación
- Practicar deportes o actividad física
- Ahorrar dinero
- Descansar adecuadamente
- Atender la salud física y emocional
Todas tienen una esperanza oculta, que ocurra un milagro que mejore o cambie las cosas, el momento adecuado, estar preparado para ello, o tener tiempo o dinero, sin darnos cuenta que si no accionamos es poco probable que el cambio positivo ocurra.
Lo que está oculto usualmente detrás de la postergación es: miedo a no lograrlo, poca confianza en ti mismo o inseguridad, miedo a la crítica, que otro lo haga por ti, perfeccionismo, falta de motivación, exceso de tareas, distracción con agentes externos. Cuanto más grande, retadora o importante es la tarea, más la evitamos.
Las consecuencias de la procrastinación van desde la pérdida de oportunidades, menos productividad, menor rendimiento, estrés, culpa, ansiedad, insomnio, hasta relaciones afectadas por falta de confianza.
Estrategias para afrontar la Procrastinación
Estas son algunas herramientas prácticas para empezar a afrontarla son:
- Haz una lista de las cosas que has estado postergando, pregúntate a ti mismo: ¿Qué es lo peor que podría pasar si hiciera ahora lo que estoy postergando?. Piensa en los motivos que tienes para tener miedo de hacer algo y deja de aferrarte a ellos.
- Elige una acción de la lista y actúa en ella, divídela en pasos pequeños y establece plazos realistas. Te darás cuenta de que postergar muchas veces es innecesario. Ya que lo más probable es que te des cuenta que hacerlo era más fácil o agradable de lo que pensabas. El empezar te ayudará a eliminar la ansiedad.
- Empieza a usar tu mente de forma creativa, busca formas más fáciles de afrontar lo que pospones.
- Identifica momentos de mayor productividad y aprovéchalos para ponerte en acción.
- Refuerza la motivación con recompensas pequeñas.
- Asume que el tiempo es finito y cada acción cuenta.
La procrastinación o postergación es un hábito que sabotea el cambio y la evolución personal pero no es un enemigo invencible, sino una señal de que necesitamos gestionar mejor nuestras emociones y prioridades. Reconocerla es el primer paso para transformarla en acción. Al final, se trata de recuperar el control de nuestro tiempo y usarlo en aquello que realmente nos acerca a nuestras metas y sueños
Si te ha gustado este artículo y crees que te puede ayudar no dudes en compartirlo con otras personas.
Con amor Joselyn
